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¡POR LA FE MOISÉS, REHUSÓ LLAMARSE HIJO DE LA HIJA DE FARAÓN! (Serie: La Fe)

  • mayesil
  • 18 ene
  • 8 Min. de lectura

«Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón» (Hebreos 11:24-26).

 

Pasamos a la historia de Moisés, quien, aunque era hijo adoptivo de la hija del Faraón, y siendo ya de 40 años, se negó a gozar de este derecho, y disfrutar de todos sus beneficios, glorias y riquezas, y prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios, pues tenía su mirada en el galardón eterno.

 

1. MOISÉS SE NEGÓ A SU DERECHO.

 

“A edad adulta, de 40 años, cuando había llegado la madurez. Por la fe, obtuvo esta victoria sobre el mundo, con todos sus honores, placeres y tesoros… No fue el acto de un niño que prefiere las fichas al oro; procedió de una madura deliberación... Ella lo había adoptado como hijo suyo, y él lo rechazó… Le debía la vida a esta princesa; negarle tal bondad no solo sería visto como ingratitud, sino como una negligencia hacia la Providencia. Se negó a ser llamado hijo de la hija del Faraón, para no subestimar el verdadero honor de ser hijo de Abraham; para no parecer que renunciaba a su religión y relación con Israel; que le hubiera tocado hacer, si hubiera aceptado este honor” (Matthew Henry).

 

Moisés fue adoptado por la hija de Faraón, quien le puso su nombre (Éx 2:10). Fue educado como príncipe en Egipto en toda su sabiduría (Hc 7:21-22). Moisés, ya de 40 años, siendo un noble en la corte de Faraón; instruido en toda la sabiduría de los egipcios. rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón. Por quien fue sacado de las aguas; por quien recibió su nombre y quien proveyó para él. Ella lo consideró como su propio hijo y lo designó para sucesor del Faraón. Moisés siendo ya de 40 años decidió visitar a su pueblo (Hc 7:23). Dios puso en el corazón de Moisés visitar a sus hermanos, pues ya había renunciado interiormente a los privilegios de la casa del faraón y se identificaba por fe con el pueblo de Dios. Moisés venga a un israelita del maltrato de un oficial egipcio, lo mata. Huye a Madián (Hc 7:24-29; Éx 2:11-15).

 

Moisés sintió compasión por su hermano israelita, y justa indignación con el oficial egipcio; y vengó al oprimido. Exhortó a los oficiales a ser moderados, y consoló a los israelitas a soportar con paciencia. Su celo, aunque justo, fue prematuro, y el fracaso momentáneo por el rechazo de Israel, y la necesidad de huir a Madián, muestran que la liberación del pueblo no depende de la habilidad humana, sino de la soberanía de Dios. Dios usó estas pruebas para formar a Moisés como juez y libertador de su pueblo, enseñándole a depender de Él, a discernir su voluntad, y a guiar a Israel por autoridad de Dios.

 

Otros también se rehusaron. Pablo, por ejemplo, tenía grandes honores y beneficios en el judaísmo, y se rehusó a todo eso (Fil 3:4-8). Pedro y los discípulos se rehusaron a sus propiedades y familia (Mt 19:27). ¿A qué derecho nos hemos negado por Cristo? ¿Una herencia, un apellido, una carrera profesional, un mejor trabajo, dinero, placer? Sin embargo, muchos no rehúsan a lo propio (Fil 2:21).

 

2. MOISÉS PREFIRIÓ EL VITUPERIO DE CRISTO.

 

“Moisés estuvo dispuesto a compartir la suerte del pueblo de Dios aquí, de sufrimiento, y tener su porción con ellos en el más allá, antes que disfrutar de todos los placeres sensuales y pecaminosos de la corte del Faraón, que eran solo temporales, pero luego castigados con la miseria eterna… Venció la tentación de los placeres mundanos como antes lo había hecho con la de las ventajas mundanas. No podemos disfrutar los deleites temporales del pecado, sin abandonar a Dios y a su pueblo… En una balanza puso lo peor de la religión: el vituperio de Cristo; y en la otra, lo mejor del mundo: los tesoros de los egipcios. Y guiado por fe, lo peor de la religión pesó sobre lo mejor del mundo… Cristo se convierte en riquezas mayores que los tesoros del imperio más rico del mundo; pues los recompensará con una corona de gloria incorruptible” (Matthew Henry).

 

MEJOR EL MALTRATO CON EL PUEBLO DE DIOS.

David se juntó con los afligidos del pueblo, cuando era buscado por Saúl para matarlo (1 S 22:2). Ser apóstol era tener que soportar el desprecio del mundo (1 Co 4:9-13). La iglesia en Corintio padeció (2 Co 6:9-10). Los hebreos habían sido compañeros de los que soportaron afrentas y tribulaciones (He 10:32-33). Los héroes de la fe prefirieron sufrir como pueblo de Dios (He 11:35-38). Participemos de las aflicciones del evangelio (2 Ti 1:8). No nos avergoncemos de ser identificados como cristianos radicales, fieles, santos, fanáticos.

 

LOS DELEITES TEMPORALES DEL PECADO.

La alegría de los impíos es breve (Job 20:4-5). Aunque vivan en paz y prosperidad, tarde o temprano descenderán al infierno (Job 21:9-13). Entendamos que su fin es la ruina eterna (Sal 73:17-19). El rico insensato proveyó para esta vida; no para su alma, que es eterna (Lc 12:20). El rico vivió en deleites sobre la tierra, pero padeció una eternidad de tormentos en el Hades (Lc 16:25). Solo engordan para el día del juicio (St 5:5). A pesar de toda su pompa y poder, a la gran ramera le vendrá la hora de sus juicios (Ap 18:7-8). Ellos escogieron la iniquidad, en lugar de la aflicción (Job 36:21). Ellos escogieron paz y tranquilidad, en lugar del Señor (Mt 13:20-21). Todos estos deleites son temporales, pero el que sigue al Señor permanece para siempre (1 Jn 2:17). ¿Nos cansaremos de correr como pueblo de Dios, aunque aún no hayamos padecido casi nada? (Jer 12:5).

 

MEJOR EL VITUPERIO DE CRISTO.

David sufrió afrentas por amor a Dios (Sal 69:7). Pablo se gozó en sus tribulaciones por amor a Cristo (2 Co 12:10). Pablo consideró su vida pasada basura, con tal de ganar a Cristo (Fil 3:7-8). Pablo no estimó su vida preciosa, y fue a Jerusalén a anunciar el evangelio, sabiendo por el Espíritu Santo, que le esperaban prisiones y tribulaciones (Hc 20:24). Pablo padeció por la iglesia de Cristo (Col 1:24-25). Los cristianos primitivos recibieron gozosos, sin amedrentarse, las afrentas por causa de Cristo (Hc 5:41-42). Gocémonos de ser partícipes de los padecimientos de Cristo (1 P 4:12-13). Gocémonos por llevar el vituperio de Cristo (1 P 4:14-16). Si padecemos, padezcamos como seguidores de Cristo (1 P 4:15-16). Llevemos el vituperio que Cristo llevó (He 13:12-14).

 

LOS TESOROS DE LOS EGIPCIOS.

Muchos prefirieron estos tesoros antes que el vituperio del Señor. Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas. El joven rico prefirió sus riquezas antes que Cristo; Judas vendió a Cristo por 30 monedas de plata; Demas por amor al mundo abandonó a Pablo y la iglesia. Mejor el vituperio de Cristo que las riquezas mundanas (Sal 37:16-17). Mejor es conocer al Señor, que las riquezas terrenales (Jer 9:23-24). Mejor es hacer la voluntad de Dios, que Egipto con sus deleites y honores (1 Jn 2:16-17).

 

3. MOISÉS TENÍA LA MIRADA EN EL GALARDÓN

 

“La gloria eterna, que es la recompensa de la herencia; en la cual Moisés tenía puesta la mirada, la esperaba y creía que disfrutaría. Su fe era de cosas invisibles; lo cual le hizo preferir las aflicciones con los santos, y los reproches por Cristo, a todas las riquezas y grandeza mundanas” (John Gill).

 

Dios recompensaría la obra de Rut por loque hizo con Noemí (Rut 2:11-12). Los que reciban al pueblo de Dios, recibirán su galardón (Mt 10:41-42). Los que tengan comunión con el pueblo de Dios, serán recompensados (Lc 14:13-14). Los que se compadezcan del pueblo de Dios recibirán el reino (Mt 25:40). Los que llevan el vituperio de Cristo, tienen gran galardón en el cielo (Mt 5:11-12). Los que son perseguidos como justos, poseen el reino de los cielos (Mt 5:10). Los justos recibirán galardón (Pr 11:18). Vida Eterna, gloria, honra y paz (Ro 2:7-10). Recordemos los galardones a las iglesias de Apocalipsis, que se darán a los vencedores del pueblo de Dios. Nuestra fe tiene un gran galardón (He 10:35-36). Cristo pronto nos dará su galardón (Ap 22:12). Pongamos la mirada arriba, en el galardón (Col 3:1-2).

 

Cuando estemos cansados del camino cristiano, cuando sintamos que ser cristiano es una carga pesada, cuando pensemos que hemos padecido mucho por ser cristianos, la fe de Moisés nos deja sin argumentos. ¿Hemos en realidad sufrido mucho por ser del pueblo de Dios? ¿Hemos padecido persecución, cárcel, azotes, destierros, hambre, sed?

 

Cuando vengan dudas de volver atrás, cuando añoren lo que dejaron en Egipto, cuando se sientan atraídos por el mundo y sus deleites, cuando estén entre 2 caminos, cuando sientan que Cristo se interpone en sus sueños y planes, cuando consideren que han dejado “mucho” por Cristo, miremos a Moisés. ¿Quién de nosotros ha dejado lo que Moisés dejó? ¿Alguno ha tenido los tesoros que poseía él? ¿Alguno tuvo la vida que debió tener Moisés como hijo de la hija del Faraón? ¿Alguno vivió en un palacio como el de Faraón? ¿Es más lo que usted ha dejado, que lo que dejó Moisés? De hecho, a muchos les ha ido mejor siendo cristianos.

 

La fe de Moisés nos muestra que nada de lo que esta tierra ofrece es comparable con nuestro Señor Jesucristo. Ningún reino, ni posesión, ni sueño, ni profesión, ni trabajo, ni tierra, ni tesoro, ni entretenimiento, nada vale, con tal de ganar a Cristo, cómo dijo Pablo “todo lo considero por basura”. ¿Por qué nos cuesta tanto seguir a Cristo? Porque hemos perdido de vista nuestra mirada del galardón, porque Egipto nos atrapa, nos seduce; porque aún no vemos a Cristo cómo el mayor tesoro, porque hemos quitado nuestra mirada de Cristo, o tal vez algunos ni siquiera lo han mirado. El Señor dice “mirad a mi y seréis salvos”. No despreciemos a Cristo, su evangelio, no temamos llevar su vituperio. “mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación” (Pr 15:16). Mejor es el desierto con el pueblo de Dios, rumbo a la Jerusalén celestial, que Egipto y sus deleites, rumbo a la condenación eterna.

 

Nuestro Señor, el Rey de Reyes y Señor de Señores, sufrió y dejó mucho más. “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2:5-8). El Santo por amor a nosotros se entregó en la cruz. ¿Por qué vamos a preferir a Egipto en lugar de a nuestro glorioso Cristo?

 

Seamos cómo Moisés que «Por la fe... hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón».



X SU GRACIA: Comunidad Cristiana.


Escucha el sermón del domingo 18 de Enero de 2026: ¡POR LA FE MOISÉS, REHUSÓ LLAMARSE HIJO DE LA HIJA DEL FARAÓN!



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