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¡POR LA FE, MOISÉS, FUE ESCONDIDO POR SUS PADRES! (Serie: La Fe)

  • mayesil
  • hace 3 minutos
  • 7 Min. de lectura

«Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey» (Hebreos 11:23).

 

Pasamos a la historia de Moisés, pero iniciando, no con su fe, si no, con la fe de sus padres (Éx 2:2-3). En esta cita vemos el cruel y tiránico decreto del faraón en Egipto, de matar a todos los varones hebreos al nacer. Pero un levita, Amram, toma por mujer a Jocabed, y son bendecidos con el nacimiento de un hijo, Moisés. Sus padres no temen ante la posibilidad de perderlo, y viendo que su hijo era hermoso, lo esconden, desafiando el mandato del rey; el cual era contrario a la naturaleza, a la Ley de Dios, a la promesa de Dios de multiplicar a su pueblo, y a sus esperanzas de liberación. La fe los mueve a actuar con coraje, audacia y osadamente. Moisés fue perseguido desde su nacimiento, y se vio obligado a permanecer oculto, y como tal es un tipo de Cristo. Los padres de Moisés huyeron de Egipto, los padres del Señor, huyeron a Egipto.

 

1. LA FE DE LAS PARTERAS EN EGIPTO.

 

Después de morir José, se levanta un rey que ya no protegía a los israelitas. Paralelamente, los israelitas empiezan a multiplicarse, lo cual es visto como una amenaza para el imperio egipcio. Por tanto, son sometidos a dura servidumbre, llegando incluso a decretar la muerte de todo varón hebreo al nacer. Acá resalta la fe de las parteras.

 

Los israelitas se empiezan a multiplicar en Egipto después de la muerte de José (Éx 1:6-7). Se levantó un rey que no conocía a José, y para evitar que se fortalecieran más que ellos, los empezaron oprimir (Éx 1:8-11). Ejemplos de esto con Hitler y los Judíos en la segunda guerra mundial; o con los cristianos de los primeros 4 siglos que fueron perseguidos a manos del imperio romano, o los cristianos en la inquisición católica de la Edad Media. Pero entre más los oprimían, más se multiplicaban los israelitas (Éx 1:12-14). Así pasó también con los cristianos de los primeros 4 siglos, en la inquisición, o en tiempos de la Reforma. El rey manda a las parteras de Egipto a matar a todo varón hebreo al nacer (Éx 1:15-16). Pero las parteras desobedecen la orden del rey (Éx 1:17-19). Era una ley injusta, contra el mandamiento de “no matarás”, el de proteger al indefenso, e inocente, y más si eran del pueblo de Dios. Dios aprueba la conducta de las parteras (Éx 1:20-21). Su Ley está por encima de las leyes humanas. Obedecer al César, desobedeciendo a Dios, es obediencia servil y pecaminosa. El Faraón decreta en todo Egipto, echar al río, a todo varón hebreo que nazca (Éx 1:22). Los tiranos perseveran en su maldad (Dictaduras, tiranías, injusticia).

 

2. LA FE DE LOS PADRES DE MOISÉS.

 

La fe de los padres de Moisés es elogiada, por desobedecer el decreto del rey de Egipto de matar a todo varón hebreo al nacer, y resguardar a su hijo. Esteban resume la historia de los capítulos 1 y 2 en Hechos 7:18-21.

 

LOS PADRES DE MOISÉS.

Los padres de Moisés eran Amram y Jocabed (tía de Amram) (Éx 6:20). En la tradición judía, a veces se dice que Jocabed fue partera, pero esto no aparece explícitamente en la Biblia. De su padre, Amram, no se menciona oficio civil especificado. Eran de la tribu de Leví, como se menciona en el censo en Moab (Nm 26:59). Moisés era hermano de Aarón y María (1 Cr 6:3).

 

LA FE DE LOS PADRES DE MOISÉS EN SU NACIMIENTO.

Nace hermoso, y sus padres lo esconden por 3 meses (Éx 2:1-2). La belleza y gracia de Dios posaba sobre él, como presagio de haber nacido para grandes cosas. Acciones brillantes realizaría como libertador de Israel, y su nombre brillaría en los registros sagrados. Lo más probable es que hayan visto en la belleza de su hijo una señal de la aprobación de Dios. Después de esto, lo arrojan al rió dentro de un carrizal (Éx 2:3-4). Solo menciona a su madre, pero su padre también consintió (He 7:20). La hija de Faraón encuentra al niño en la orilla del río (Éx 2:5-6). La hermana de Faraón manda a llamar a una nodriza hebrea para que lo crie, la cual termina siendo su propia madre (Éx 2:7-9). Después de criarlo, lo trae de nuevo a la hija de Faraón; ella lo adopta, y lo llama Moisés (Éx 2:10).

 

Los hijos son herencia bendita de Dios (Sal 127:3-5). Dios los ha unido a ustedes hermanos para tener una descendencia para Dios (Mal 2:15). Deben educarlos en el temor y disciplina del Señor (Ef 6:4). Instruirlos en la Palabra, proteger sus vidas, pero sobretodo sus almas. No permitir que sean contaminados (TV, libros, música, mundo, psicología, malos consejos, mal ejemplo). Satúrenlos de la Palabra de Dios (Dt 6:7-9). Sean fieles en esto (Pr 22:6).

 

3. LA FE SOBRE EL TEMOR

 

“Su fe prevaleció sobre el temor. No temieron el decreto del rey. Un edicto perverso y cruel: que todos los varones israelitas fueran destruidos al nacer, para que el nombre de Israel fuera exterminado de la faz de la tierra… consideraban que, si ningún varón era preservado, la iglesia de Dios y la verdadera religión quedarían destruidas, y que, aunque en su actual estado de servidumbre y opresión se alabaría a los muertos, confiaban que Dios preservaría a su pueblo... estaban decididos a arriesgar su vida para preservar a su hijo. Sabían que el mandato del rey era malo, contrario a las leyes de Dios y la naturaleza, por tanto, carecía de autoridad y obligación. La fe es un gran protector contra el temor servil y pecaminoso a los hombres, ya que antepone a Dios al alma” (Matthew Henry).

 

Debemos obedecer a las autoridades civiles, pero siempre y cuando no nos obliguen a hacer lo que vaya contra nuestra conciencia cristiana basada en la Palabra de Dios.

 

Las parteras no temieron la orden del rey de Egipto de matar a todo varón israelita que naciera, temieron a Dios (Éx 1:16-17). Ellas sagazmente ocultan lo que habían hecho (Éx 1:18-19). Dios aprueba la conducta de las parteras (Éx 1:20-21). Rahab no temió la orden del rey de Jericó contra los espías israelitas, y los escondió en su casa, porque eran del pueblo de Dios (Jos 2:4-6). Rahab “mintió” para proteger al pueblo de Dios; y fue reconocida como héroe de la fe por ello (He 11:31). Nabot no temió ante la presión del rey Acab que quería apoderarse de su viña (1 Ry 21:2-3). Estaba cuidando la heredad de sus padres, que después pasaría a sus hijos. Los amigos de Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego, no temieron al decreto de Nabucodonosor de adorar la estatua de oro que levantó en Babilonia, o sino ser lanzados al horno de fuego ardiendo (Dn 3:17-18). Daniel no temió el edicto del rey Dario de Media y de Persia, de no adorar a otro dios u hombre fuera del rey por 30 días, o ser echado al foso de los leones; y continuó adorando a Dios (Dn 6:10). Los padres de Jesús no temieron al decreto de Herodes, que, por perseguir a Cristo, mandó a matar a todo niño varón menor de 2 años. Un ángel se le aparece en sueños a José y le advierte para que huyan a Egipto (Mt 2:13-16).

 

Pedro y Juan no temieron a las amenazas de los líderes religiosos para que no hablaran más del nombre de Cristo en Jerusalén (Hc 4:18-20). Temieron a Dios, no a los hombres, y siguieron predicando (Hc 5:27-29). La libertad de expresión y culto no puede ser quitada por el magistrado. Si es así, debemos desobedecer para seguir anunciando el Evangelio. Debemos tener una fe como la de los padres de Moisés, para vencer el terror de los tiranos (1 Jn 5:4-5). El sembrado en pedregales es vencido por el temor (Mt 13:20-21). El amor a Dios nos da fe para superar el temor (1 Jn 4:18). No temamos a los hombres, confiemos en el Señor (Pr 29:25).

 

La fe de los padres de Moisés, nos motiva a obedecer a Dios antes que a los hombres, a poner al Señor de todo, por encima de un edicto que contradiga sus mandamientos. En un mundo que dice que tener muchos hijos es una irresponsabilidad, que ve normal asesinar a los bebés en el vientre; en una sociedad que promueve el Yo, la autorrealización, el tener mascotas en lugar de hijos. En una cultura que promueve el egoísmo, debemos recordar esta fe. Los hijos son una herencia de Jehová, fructificarse y poblar la tierra es mandato de Dios desde la creación. Las leyes, la cultura pueden decir otra cosa, pero los cristianos confiamos en las promesas eternas de Dios, que incluyen descendencia. Cuando vengan dudas a nuestro corazón sobre muchos hijos, recordemos que son una herencia de Dios, una descendencia para perpetuar el nombre de Cristo en la tierra, y que Él los cuidará.

 

No temamos a las noticias, a la incertidumbre mundial, ni a las opiniones, familiares, conocidos, ni de los sabios de este mundo, que dicen que no es posible sostenerlos, o educarlos, que la vida está cada vez más cara, que el mundo está cada vez peor. Moisés, fue guardado en el Nilo, así hará con estos pequeños y con nosotros. Recordemos la carta de Jeremías a los cautivos en Babilonia (Jer 29:5-7). Los padres de Moisés no temieron al decreto del rey de matar a los niños hebreos para que no se propagasen. Muchos, incluso cristianos, habrían dicho: “mejor no tener hijos”, “para que vamos a traer unos hijos para que los maten”, o como hoy dicen, “para que vamos a traer hijos a sufrir”. Sin embargo, los padres de Moisés no temieron, obedecieron a Dios, y recibieron la herencia de Jehová con fe.

 

También miremos el ejemplo de esas valientes mujeres parteras, que temieron a Dios antes que a la orden del rey de Egipto, y protegieron la vida de los niños; y el Señor se agradó de ellas. Sea cual sea nuestra circunstancia, en persecuciones, leyes, decretos, imposiciones, cárcel, debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Debemos poner su palabra antes que cualquier opinión o filosofía humana. Cristo como nuestro Señor, sobre todo. Allí también nos guardará, y preservará su reino.

 

«Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey».

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