¡POR LA FE MOISÉS CELEBRÓ LA PASCUA! (Serie: La Fe).
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«Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos» (Hebreos 11:28).
Vemos otro ejemplo de la vida de fe de Moisés, la celebración de la Pascua, Pesaj, en Hebreo, que significa “pasar por alto perdonando” a alguien; y conmemora la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. Esta historia está en Éxodo 12:1-30. La Pascua fue una de las fiestas más solemnes del Antiguo Testamento, junto a la fiesta de Pentecostés, y a la fiesta de los Tabernáculos.
Con Abraham, Dios instituyó la circuncisión; ahora, con los israelitas a punto de salir de Egipto, Dios instituye la Pascua, y designa a Moisés a instruir al pueblo cómo hacerlo, y celebrarla con ellos. Dios pasaría esa noche de largo por sus casas, pero mataría a los primogénitos egipcios. Moisés obró con fe a la orden Divina; con fe en la pronta liberación del pueblo, por esta ordenanza; y con la fe en el Mesías, de quien la Pascua era símbolo.
1. MOISÉS CELEBRA LA PASCUA.
“Dios le dijo a Moisés que observara la Pascua y rociara la sangre del cordero… Moisés instituyó el festival de la Pascua como un evento anual. El día 14 del mes de Nisán (marzo-abril), cada familia tenía que escoger 1 cordero de 1 año, sin mancha, y matarlo al atardecer (Ex 12:5; Lv 23:5; Dt 16:6). Su sangre tenía que ser untada en los postes y en el dintel de la casa. El cordero era asado y comido (completo, esa noche), con pan sin levadura y hierbas amargas (Ex 12:10; 34:25). La comida debía ser consumida de prisa. Este festival debía ser observado como “estatuto perpetuo” (Ex 12:14)” (Hendriksen & Kistemaker).
ANUNCIO DE LA MUERTE DE LOS PRIMOGÉNITOS (Éxodo 11).
Moisés, después de huir de Egipto a Madián, y vivir allá 40 años, regresa a Egipto por mandato de Dios, para liberar a Israel de la esclavitud de Faraón. Dios manda las 10 plagas, y es liberado el pueblo en la última plaga, con la muerte de los primogénitos. Antes de salir de Egipto, Dios, por medio de Moisés instituye la Pascua, para su celebración. Después de esto, salen de Egipto rumbo al desierto, cruzando el mar rojo. Los israelitas debían pedir de los egipcios oro y plata para no salir con las manos vacías. Hallarían gracia de ellos. Moisés advierte a Faraón que habrá gran clamor en Egipto, pero que en Israel no habrá muerte, para que se sepa que el Señor hace distinción entre su pueblo y Egipto. Faraón endurece su corazón, conforme a lo que el Señor había dicho. Vemos la soberanía de Dios en juicio y redención. Dios endurece justamente a Faraón y ejecuta un juicio santo contra el pecado, mientras preserva por gracia a su pueblo escogido. La plaga final anticipa la necesidad de un sustituto, apuntando a Cristo como el Primogénito que muere para librar a su pueblo del juicio merecido.
LA INSTITUCIÓN DE LA PASCUA.
Dios la instituye por medio de Moisés (Éx 12:1-14). Dios establece la Pascua como un acto fundacional para Israel, marcando el inicio de su calendario religioso. Cada familia debía apartar 1 cordero (de ovejas, o cabras) de 1 año sin defecto, sacrificarlo y poner su sangre en los 2 postes de sus casas, y en los dinteles de la puerta, como señal de protección del juicio divino. Esa noche debían comer la carne asada al fuego (no cruda, ni cocida), con panes sin levadura y hierbas amargas. Lo debían comer “apresuradamente”, listos para salir, ceñidos los lomos, calzados los pies, con el bordón en sus manos; recordando la prisa y la aflicción en Egipto al salir. La sangre era la señal para que Dios pasara por alto esas casas cuando hiriera a los primogénitos de los egipcios. Dios ordena observarla cada año como memorial perpetuo, transmitiendo su significado a su descendencia.
Debían celebrarla junto con la fiesta de los Panes sin Levadura (Éx 12:15-20). Estas representan 2 aspectos de la misma obra de redención. La Pascua, representa la sangre que libra del juicio (El 14 de Nisán), la fiesta de los Panes sin levadura, celebrada inmediatamente después de la Pascua, por 7 días, representa la vida purificada que sigue a la liberación, y recordaba la salida apresurada de Israel de Egipto.
Moisés comunica la orden Divina al pueblo (Éx 12:21-30). Moisés da las instrucciones al pueblo, recordándoles de nuevo que la debían guardar como estatuto perpetuo, y la comuniquen a sus hijos. Los israelitas obedecen tal como Dios lo mandó. La Pascua es una ordenanza instituida por Dios dentro del pacto, no por invención humana. Israel es salvado no por obras, sino por la sangre del cordero (sustituto), aplicada en obediencia y recibida en fe.
El cordero sin defecto prefigura a Cristo, cuyo sacrificio libra del juicio divino eterno. La eficacia del rito no dependía de una comprensión plena del misterio, sino de creer a la Palabra de Dios. La Pascua debía ser un memorial perpetuo, transmitido de generación en generación para formar y preservar identidad pueblo redimido.
2. LIBRADOS DE LA MUERTE.
“Dios pasaría por Egipto y mataría a todo primogénito de hombre o animal. Si la casa tenía la sangre, Dios pasaría por alto a sus moradores. Moisés escuchó obediente las instrucciones de Dios y las transmitió a los israelitas… Si no escuchaban, sufrirían la muerte de su primogénito. Moisés confió en Dios. Si la sangre del cordero resultaba ineficaz para proteger a los primogénitos del poder destructor del ángel de la muerte, su papel como líder del pueblo terminaría abruptamente… La fe de Moisés triunfó en la prueba cuando incontables primogénitos de hombre y animal fueron salvados” (Hendriksen & Kistemaker).
LOS ISRAELITAS SON LIBRADOS DE LA PLAGA DE LA MUERTE DE LOS PRIMOGÉNITOS (Éxodo 12:29-36).
A medianoche Dios hiere a todo primogénito en Egipto (De Faraón, los siervos, y animales). Hay gran clamor en Egipto. Faraón llama a Moisés y Aarón y les ordena salir con el pueblo de Israel. Los egipcios apuran su salida y les entregan plata, oro y vestidos. Se manifiesta el juicio justo y terrible de Dios contra el pecado, cumpliendo su palabra. La salvación israelita no es por superioridad moral, sino por la sangre del cordero pascual. Dios distingue soberanamente entre su pueblo y el mundo, mostrando que solo la expiación libra del juicio. El despojo de Egipto revela que el Señor no solo redime, sino que vindica y provee abundantemente a los suyos. El Señor nos libra de la esclavitud de Egipto (Col 1:13-14). Nos libra del yugo del Faraón, del Diablo (1 Jn 3:8). Nos libra de las plagas venideras (1 Ts 1:9-10). No estemos de nuevo sujetos al yugo de Egipto (Gál 5:1).
CONSAGRACIÓN DE LOS PRIMOGÉNITOS (Éxodo 13:1-16).
Es un memorial de la liberación obrada por Dios a los israelitas en Egipto. Los primogénitos fueron preservados por la sangre del cordero en la Pascua. Muestra la soberanía en la gracia divina, y el deber del pueblo redimido a vivir consagrado al Señor que lo rescató. No solo nuestras vidas deben ser consagradas a Dios, la de nuestros hijos también. Son su herencia (Sal 127:3). El busca prolongar su descendencia en la tierra (Mal 2:15). Deben ser instruidos en su camino (Pr 22:6). Deben ser criados en su disciplina y amonestación (Ef 6:4). Deben ser apartados del mundo (1 Co 7:14). Si los padres no consagran sus casas e hijos al Señor, el Ángel destructor pasará tarde o temprano.
3. EL CORDERO PASCUAL
“El festival de la Pascua se transformó en el sacramento de la Santa Cena. El cordero pascual de la época del NT fue Jesucristo, quien dio su vida como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Jn 1:29, 36; 1 P 1:19). Él “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Ti 2:6)… la Pascua fue el comienzo de una observancia que llevaría al sacrificio del Cordero de Dios y culminaría con el mismo” (Hendriksen & Kistemaker).
EL CORDERO PASCUAL.
Cristo es nuestra Pascua (1 Co 5:7). Es el Cordero que quita el pecado del mundo (Jn 1:29, 36). Es un Cordero que fue inmolado (Ap 5:6). Es un Cordero sin mancha ni contaminación, con el cual fuimos rescatados (1 P 1:18-20). En el cielo se postran ante el Cordero que fue inmolado (Ap 5:8-10). El Libro de la Vida le pertenece al Cordero inmolado desde la fundación del mundo (Ap 13:8). En el AT casi todo era rociado con sangre para su purificación (He 9:19-22). La sangre del Cordero pascual es mejor que la de esos corderos (He 12:22-24). El Cordero fue llevado al matadero para borrar nuestras rebeliones (Is 53:7). Fuimos elegidos para ser rociados con su sangre, y vivir en obediencia (1 P 1:2). No es por nuestra justicia ni por nuestras mejores obras que somos salvos de la ira de Dios, sino por la sangre de Cristo y su justicia imputada. El alma rociada con esta sangre, recibe a Cristo por la fe y vive para Él.
LA CENA DEL SEÑOR.
Así como la Pascua de los Israelitas representaba la liberación de la muerte y del yugo de Faraón en Egipto, por el sacrificio de un cordero sin defecto y marcando con sangre los postes y dinteles de sus casas (Éx 12); así por el sacrificio de Cristo, el Cordero pascual, sin pecado, los creyentes en la Cena del Señor, conmemoran la liberación de la muerte eterna y de la esclavitud del pecado y el mundo. Así, ésta fue instituida por Cristo en la última cena con sus discípulos antes de ser entregado, para que su pueblo la guardara cada vez que se reuniera como iglesia, hasta que Él vuelva, en memoria y agradecimiento por su muerte para el perdón de los pecados por medio de su sangre del Nuevo Pacto (Mt 26:20-28; Mc 14:17-25; Lc 22:14-20; 1 Co 11:23-26), y para testimonio de comunión con Él y entre su pueblo, pues donde están 2 o 3 reunidos en su nombre, ahí está Él en medio de ellos (Hc 2:41-42; Mt 18:20; 1 Co 10:16-17). Por tanto, solo deben participar de ella, aquellos que están caminando dignamente en el Señor, de lo contrario, juicio comen y beben para sí (1 Co 11:27-29).
¿Ya fue rociado con la sangre de Cristo? ¿Vive una vida sin levadura de maldad, en santidad, apartado del mundo? ¿Se ha realmente consagrado al Señor? ¿Será librado de la ira de Dios? ¿Tiene la fe de Moisés?
«Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos»
X SU GRACIA: Comunidad Cristiana.
Escucha el sermón del domingo 15 de Febrero de 2026: ¡POR LA FE MOISÉS CELEBRÓ LA PASCUA!





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