¡POR LA FE ABRAHAM OBEDECIÓ PARA SALIR! (Serie: La Fe).
- mayesil
- 2 nov 2025
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«POR LA FE ABRAHAM, siendo llamado, OBEDECIÓ PARA SALIR al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:8-10).
“Dios le pidió (a Abraham) que fuese a una tierra que le mostraría y le daría como herencia. Sin embargo, Abraham nunca llegó a poseer un metro de esa tierra (Canaán), excepto el lote funerario que compró para Sara, su mujer (Gn 23:3, 20; Hc 7:5). Dios le prometió que haría de él una gran nación. Al llegar a los 100 años, nació su hijo Isaac; y 15 años antes de la muerte de Abraham, entraron al mundo sus nietos Jacob y Esaú. Pero Abraham nunca vio descendientes “como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar” (He 11:12). Dios llamó a Abraham a sacrificar a su hijo Isaac, porque deseaba probar su fe. Y esa fe triunfó. Noé recibió instrucciones de construir un arca para salvar a su familia del diluvio; él esperó, y vio su cumplimiento; pero Abraham nunca vio el cumplimiento de estas promesas durante su vida (175 años). Abraham vivió por fe” (Hendriksen & Kistemaker).
1. EL LLAMADO DE DIOS A ABRAHAM.
EL LLAMADO.
Aunque no era fácil lo que el Señor le pedía, como venía de Dios, fue un llamado eficaz, por el cual se convirtió de la idolatría de la casa de su padre (Gn 12:1). Abraham adoraba dioses falsos antes de ser llamado por Dios (Jos 24:2). La gracia de Dios es absolutamente gratuita. Toma a algunos de los peores hombres, y los convierte en los mejores. Dios viene a nosotros antes que nosotros vayamos a Él. Dios le dijo a Abram que dejara su tierra y su familia, para ir a la tierra prometida (Gn 12:1). Dios nos llama a abandonar el pecado, la compañía pecaminosa, y todo lo que sea incompatible con Él. Somos llamados, no solo a comenzar el buen camino, sino a continuarlo hacia adelante. Esteban recuerda el llamado de Dios a Abraham (Hc 7:2-3). Él no permitirá que su pueblo descanse en otro lugar que no sea la Canaán celestial.
LA PROMESA DE DIOS.
Dios prometió a Abraham que el lugar al que fue llamado lo recibiría después como herencia; que con el tiempo, heredaría la Canaán celestial; y que, con el paso del tiempo, su posteridad heredaría la Canaán terrenal. Dios llama a su pueblo a una herencia. Mediante su llamado eficaz, nos hace hijos, y por tanto, herederos (Ro 8:17). Dios le dijo a Abraham que de él saldría una gran nación (Gn 12:2-3). Cuando Abram y Lot se separan le promete una tierra para él y su descendencia (Gn 13:14-15). Se la daría a su posteridad para que la disfrutara hasta venir el Mesías; y Abraham la disfrutará, con toda su descendencia espiritual, después de la resurrección. Pero Dios le dice que serían antes esclavos en Egipto, y el moriría (Gn 15:13-15). Al mismo tiempo en que Dios le da la promesa a Abram de un hijo, Isaac; le promete la tierra de Canaán con limites específicos (Gn 15:18-21). Se la promete también cuando le da a Abraham la circuncisión como señal del pacto (Gn 17:7-8). Esto es una promesa para su descendencia natural, en la tierra de Canaán, hasta la venida del Mesías.
Josué al morir, recuerda al pueblo la promesa a Abraham cumplida en ellos (Jos 24:3). La fe de los padres trae bendiciones a su posteridad. Somos hijos de Abraham por la fe. Esteban resume la esclavitud, la herencia a su descendencia, y la señal del pacto (Hc 7:5-8). La Biblia dice que se repartirían la tierra de Dios (Jl 3:1-3). Es posible que tenga que ver con la dispersión de judíos y la partición de la tierra de Canaán, a partir del año 70 d.C, con el asolamiento de Tito y su ejército. Su tierra fue dividida entre turcos y papistas. Pero también puede tener una aplicación con la persecución de los cristianos de un lugar a otro, y la confiscación de sus tierras y propiedades. Al derramar la 7ª copa dice que la gran ciudad es dividida en 3 (Ap 16:18-19). Puede hacer alusión a Jerusalén, la cual es habitada y controlada entre papistas, judíos y árabes. O también puede hacer referencia a Roma, y sus 3 cabezas (Dragón, Bestia, falso profeta).
Dios está creando cielos nuevos y tierra nueva (Is 65:17). Esperamos el cumplimiento de esa promesa (Ap 21:1). Su pueblo tiene la promesa de recibir la tierra como herencia, debemos esperarla (Mt 5:5; (Sal 37:9, 11, 18, 22, 29, 34). Esta herencia no se posee de inmediato. Debemos esperar un tiempo; pero es segura, se cumplirá en su tiempo. Esperamos en santidad, la promesa de la tierra nueva (2 P 3:11-13).
2. LA FE DE ABRAHAM.
“Tan pronto Dios lo llamó, Abraham respondió obediente y presto a hacer lo que le pedía: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Gn 12:1). Por la fe Abraham salió, sin saber a dónde Dios le llevaría. Ni siquiera pudo informar a sus parientes a dónde iba, pues que no sabía” (Hendriksen & Kistemaker).
FUE TRAS LA TIERRA DE LA PROMESA.
Abraham viajó desde Harán hasta Canaán, dejando atrás a su parentela. Taré, padre de Abram, primero lo había tomado a él, Saraí, y a lot, para salir Ur de los caldeos hacia Canaán, al parecer por conocer el llamado de Dios a Abram previamente (Gn 11:31). Abram sale desde Harán hacia Canaán, con toda su familia (Gn 12:4-6). Abram honra a Dios en su viaje, al edificarle altar (Gn 12:7-8). Esteban resume su salida (Hc 7:4).
SALIÓ SIN SABER A DÓNDE IBA.
Atendió incondicionalmente al llamado de Dios. Se sometió a la voluntad y sabiduría de Dios, aunque aún no entendía muy bien las cosas. Nosotros tampoco conocemos bien hacia dónde vamos (1 Co 2:9). Conocemos muy poco del lugar a dónde vamos (1 Co 13:12). Andamos por fe, no por vista (2 Co 5:6-7).
POR LA FE HABITÓ COMO EXTRANJERO EN LA TIERRA PROMETIDA COMO EN TIERRA AJENA.
Abraham vivió en Canaán, no como heredero y propietario, sino simplemente como peregrino y extranjero. Nuestros antecesores caminaron como peregrinos con la mirada en la promesa (v13). Vivimos como peregrinos y extranjeros en esta tierra, siendo ejemplo de vida piadosa (1 P 2:11-12). Nuestra ciudadanía está en el cielo (Fil 3:20-21). No tenemos acá ciudad permanente (He 13:13-14).
MORANDO EN TIENDAS CON ISAAC Y JACOB, COHEREDEROS DE LA MISMA PROMESA.
Dios le había prometido la tierra a Abraham, y le repitió la promesa a Isaac y Jacob. Isaac fue coheredero de la misma promesa hecha a Abraham cuando estaba en Gerar (Gn 26:3-4). A Jacob también le confirmó la promesa, al soñar con la escalera en Betel (Gn 28:13-14). Todos los santos son herederos de la misma promesa. Por la fe, se le dio a Abraham la promesa de la herencia (Ro 4:13). Nosotros somos también descendencia de Abraham, por tanto, coherederos de esa misma promesa; la recibimos por gracia por medio de la fe (Ro 4:16). Si somos de Cristo, somos coherederos de la misma promesa hecha a Abraham (Gál 3:29).
3. LAS MOTIVACIONES DE SU FE
“La fe de Abraham se proyectó más allá de la promesa de un lugar o una tierra, aun cuando Dios le había prometido la tierra a él y a sus descendientes. Abraham sabía que las posesiones terrenales son temporales; él siempre tuvo el ojo de su fe puesto en “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hendriksen & Kistemaker).
LA CIUDAD QUE TIENE FUNDAMENTOS, CUYO ARQUITECTO Y CONSTRUCTOR ES DIOS.
Es una ciudad que tiene fundamentos firmes, el fundamento de los apóstoles y profetas, cimentados sobre la Roca que es Cristo (Ef 2:20). Es la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial (He 12:22-24). Es la santa ciudad, la nueva Jerusalén (Ap 21:2). Es el tabernáculo de Dios con su pueblo (Ap 21:3-4). Es la gran ciudad santa de Jerusalén (Ap 21:10-11). Tiene 1 muro y 12 puertas (Ap 21:12-14). Está establecida en cuadro (Ap 21:16). Los cimientos del muro están adornados con piedras preciosas (Ap 21:19-20). Su calle es de oro puro (Ap 21:21). No tiene Templo, sol, ni luna, Dios es todo en ella (Ap 21:22-23). Solo puede entrar en ella los que sean salvos (Ap 21:24-27). Tiene el Árbol de la Vida en medio de ella (Ap 22:2). Es una ciudad sin ninguna maldición (Ap 22:2). Es una ciudad sin oscuridad (Ap 22:3-4).
ABRAHAM ESPERABA LA CIUDAD.
Esa era su actitud ante esta ciudad prometida. Hendriksen & Kistemaker comentan: “Por la fe sabía que la ciudad que Dios había diseñado y construido tiene cimientos eternos (Ap 21:14, 19). El anticipaba la nueva Jerusalén, “la ciudad del Dios vivo” (He 12:22), a la cual llegan todos los creyentes para buscar alojamiento… Por la fe visualizó la congregación final de todos los creyentes para la fiesta de la redención. El anticipó el advenimiento y la obra de Cristo”.
Hagamos como nuestros antecesores, que caminaron mirando hacia la patria y ciudad celestial, el cielo (v14-16). Ellos no vieron cumplida la promesa del Mesías, nosotros sí, tenemos un fundamento mayor para esperar (v39-40). Abraham vio a Cristo por la fe, y se alegró (Jn 8:56).
Nosotros, aunque ya vimos ese cumplimiento; sin embargo, también debemos ver a Cristo por la fe, y caminar como peregrinos, en obediencia, hacia el seguro cumplimiento de las promesas eternas, la ciudad celestial.
«POR LA FE ABRAHAM, siendo llamado, OBEDECIÓ PARA SALIR al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios».
X SU GRACIA: Comunidad Cristiana.
Escucha el sermón del domingo 2 de Noviembre de 2025: ¡POR LA FE ABRAHAM OBEDECIÓ PARA SALIR!





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