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¡DE LOS CUALES EL MUNDO NO ERA DIGNO! (Serie: La Fe).

30 ago
7 min de lectura

«de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra» (Hebreos 11:38).

 

El mundo no era digno de los siervos de Dios, por su fe, carácter, y honor; el mundo no merecía tales bendiciones, no merecía tenerlos en medio de ellos. Los enemigos de Dios no pueden compararse con los siervos de Dios, por el gran honor y estatura moral del pueblo de Dios. Estas palabras se insertan a modo de aclaración, para eliminar las objeciones de que los siervos de Dios eran personas perturbadoras, rebeldes, anarquistas, malhechores; no aptas para vivir en el mundo; y por tanto merecían ser castigados. También para mostrar el gran valor e inestimable virtud del pueblo de Dios, que supera al del mundo; e insinuar que su expulsión y persecución, o el morar entre ellos, les traerá mayor castigo, si no se arrepienten.

 

1. EL MUNDO NO ERA DIGNO DE LOS SANTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO.


El mundo no era digno de tener entre ellos a los santos del AT, aunque fueron considerados indignos de vivir entre ellos. Su fidelidad a Dios contrastaba tanto con la impiedad de su generación, que el mundo no los merecía.

 

El rey Acab envió cartas a cada nación y reino en busca de Elías para matarlo (1 R 18:9-10). Ante los ojos de Acab, Elías no era digno de vivir sobre la tierra. Los santos son tenidos por indignos de este mundo, mientras los impíos son tratados con honra (Ecl 8:10). Cuando mueren los justos, son puestos en el olvido por el mundo (Is 57:1). Los justos en general son tratados con deshonra, mientras los impíos con honra (Ecl 10:7).

 

Sin embargo, el texto dice exactamente lo opuesto: “De los cuales el mundo no era digno”.

 

La generación de Job no era digna de él; Dios dijo que no había nadie como él en la tierra por su estatura moral (Job 2:3). La generación corrompida en los días de Noé tampoco era digna de un hombre justo y lleno de gracia como él (Gn 6:8-9). La generación de Enoc tampoco era digna de él; el cual fue arrebatado al cielo por Dios (Gn 5:22-24). Sodoma y Gomorra no eran dignas de Lot; quien afligía su alma por la conducta impía que veía; y por eso la destruyó (2 P 2:7-8). Egipto y sus tesoros no eran dignos de Moisés; por eso prefirió sufrir con el pueblo de Dios antes que disfrutar de sus deleites (He 11:24-26). La generación de David no era digna de él; adolecía de hombres dignos (Sal 12:1). Jeroboam y su casa, no eran dignos de Abías, su hijo, como dijo el profeta Ahías a la esposa de Jeroboam (1 R 14:12-13). Los hijos de Israel no eran dignos de Elías; que en su mayoría se habían apartado de Dios (1 R 19:10). Acab y su reino, no eran digno de los 7.000 que no doblaron sus rodillas ante Baal (1 R 19:18). El pueblo de Judá no era digno que Dios les enviara un rey como Josías; eran idólatras y habían abandonado la Ley de Dios (2 R 23:25). El pueblo rebelde no era digno que Jeremías siguiera hablándoles (Jer 20:7-9). La tierra y Jerusalén, en días de Ezequiel, no era digna de hombres como Noé, Daniel o Job (Ez 14:13-14).

 

El mundo perseguidor del pueblo de Dios no es digno de entrar en la paz eterna, a la cual entrará el digno pueblo de Dios (Is 57:2-6). Dios escogió al piadoso para sí, aquellos de los cuales el mundo no es digno (Sal 4:3).

 

2. EL MUNDO NO ERA DIGNO DE CRISTO.

 

Un mundo impío y pecador, no era digno de tener entre el a Quien era perfectamente Santo y Justo; no era digno que Dios lo hubiera enviado a ofrecerles salvación y vida eterna; el mundo era moralmente indigno de Cristo, pero fue enviado precisamente a salvar a ese mundo indigno y pecador; pero fue despreciado y rechazado.

 

EL MUNDO NO ERA DIGNO DE CRISTO.

El mundo lo despreciaría, no lo estimaría; lo consideraría indigno (Is 53:2-3). El mundo, los judíos, no consideraron digno a Cristo; por eso lo rechazaron (Jn 1:10-11). El mundo lo aborreció sin causa (Jn 15:24-25). Fue entregado por manos de inicuos; por hombres indignos de Él (Hc 2:23-24). El Santo y Justo fue rechazado y muerto por un pueblo rebelde y pecador, indigno de Él (Hc 3:14-15). Pero nadie podía acusarle verdaderamente de pecado (Jn 8:46). Pilato no halló nada por lo cual acusarlo (Lc 23:4). Satanás tampoco tenía nada que reclamar o encontrar contra Él; Jesús no tenía pecado que lo hiciera culpable o sujeto a su dominio (Jn 14:30). Él era perfecto moralmente (1 P 2:22). Era santo, inocente y sin mancha, a diferencia de los indignos pecadores (He 7:26). Fue probado, pero jamás cayó en pecado (He 4:15). El mundo que lo rechazó y lo desestimó, no era digno de Él; pero Él era digno y precioso para Dios (1 P 2:4). Satanás no era un digno rival de Cristo (Lc 11:22). Los demonios tampoco eran dignos rivales de Cristo (Col 2:15). El Anticristo no es digno rival de Cristo (2 Ts 2:8). Ninguno de sus enemigos es digno rival de Él, todos serán humillados y derrotados (1 Co 15:24-25). Aun nadie en el cielo ni en la tierra es digno como Cristo (Ap 5:3-5).

 

LA IGLESIA NO ES DIGNA DE CRISTO.

En comparación a Él no somos dignos; no somos dignos de ser de su pueblo, de ser salvados por Él. Y aunque no conoció pecado; fue entregado por nosotros los pecadores indignos (2 Co 5:21). El ladrón en la cruz se consideró indigno de Cristo (Lc 23:41). Pablo, perseguidor de la iglesia, se consideraba indigno de ser llamado Apóstol (1 Co 15:8-9). Pablo se consideraba indigno de haber sido salvado por Cristo (1 Ti 1:15). Los actos religiosos no son dignos para ser justificados (Lc 18:14). Las obras no son dignas para hallar salvación (Ef 2:8-9). Nuestras mejores obras de justicia son indignas para Dios (Is 64:6). No somos dignos de haber sido hechos del pueblo de Dios (Ef 2:12-13). No somos dignos que Dios nos haya dado gracia y vida cuando estábamos muertos en pecados y delitos, como cualquier indigno y malvado pecador (Ef 2:1-4). Seamos como Rut, la extranjera, moabita, considerémonos indignos de haber hallado gracia (Rut 20:10). Sea como el publicano si quiere hallar perdón de pecados (Lc 18:13).

 

3. EL MUNDO NO ES DIGNO DE LA IGLESIA.


Aunque somos por naturaleza indignos, el mundo no es digno de tener a la iglesia entre de ellos. La iglesia es superior moralmente. No obstante, los hombres malos en tiempos de Pablo consideraron a la iglesia indigna de estar entre ellos, fueron rechazados, perseguidos, aunque eran preciosos delante de Dios.

 

El mundo no es digno de Cristo ni tampoco de su pueblo; no somos del mundo; por eso nos aborrecen (Jn 15:18-19). Los judíos consideraron indigno a Esteban y su mensaje, un hombre lleno del Espíritu Santo; lo apedrearon hasta morir (Hc 7:55-56). La iglesia fue considerada indigna de vivir en Jerusalén; fue perseguida y expulsada (Hc 8:1-3). Fueron despreciados por un mundo hostil e indigno (2 Co 4:8-9). Los apóstoles fueron considerados un espectáculo ante el mundo (1 Co 4:9). El mundo consideraba a los apóstoles la escoria del mundo (1 Co 4:13). Los Hebreos también fueron hechos espectáculo (He 10:33). Pero Dios los consideró dignos de sufrir por Cristo (Hc 5:41).

 

Los creyentes viven como hijos de Dios en contraste con una generación perversa, indigna de ellos (Fil 2:15). Cristo dice que sus discípulos son luz del mundo, distinguiéndolos moralmente de las tinieblas (Mt 5:14-16). Nuestra conducta debe diferenciarnos del incrédulo (1 P 2:11-12). Pablo diferencia la vida del creyente con la del gentil incrédulo (Ef 4:17-19). La gracia produce una vida moralmente distinta de la del mundo (Ti 2:12). Somos un pueblo diferente (1 P 2:9). Por eso no podemos vivir como antes, agradando al mundo indigno (1 P 4:3-4). Nuestra justicia es mayor que la del moralista (Mt 5:19-20).

 

El creyente que no se arrepiente no es digno de estar en la iglesia (Mt 18:16-17). El creyente que practica el pecado no es digno de tener comunión con los cristianos verdaderos (1 Co 5:11). Los que están en pecado no son dignos de tener comunión en la Cena del Señor (1 Co 11:27-29). Los incrédulos e idólatras no son dignos de tener comunión con los cristianos (2 Co 6:14-16). Los judíos no se consideraron dignos de la vida eterna, y era verdad (Hc 13:46). Solo los dignos andarán con el Señor (Ap 3:4).

 

Cuando pensamos en que el mundo no es digno del pueblo de Dios, nos afirma en la posición que el Señor da a los creyentes por medio de su sangre, pues nos redimió “y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Ap 5:10), aunque hoy pareciera todo lo contrario. A nuestro Señor Jesucristo le hicieron lo mismo, al heredero, lo mataron para apoderarse de su viña. ¿Cuánto más hacen con el pueblo de Dios? Para el mundo somos la escoria, pero para Dios somos su pueblo, su especial tesoro, somos en realidad los que heredaremos la tierra. El mundo no entiende que si aún no ha sido destruido es por pura misericordia y porque aún hay justos en medio de ellos.

 

Amigos ¿por qué quieren pertenecer a éste mundo indigno que será destruido?, ¿por qué quieren ser dignos en éste mundo? ¿Por qué ponen las esperanzas en un mundo hostil a la verdad? ¿Por qué quieren acomodarse en un mundo que ama las tinieblas y aborrece la luz? ¿Por qué ponen su mirada en este mundo pasajero? ¿Por qué prefieren un reino temporal al reino eterno? ¿Por qué rechazan a Cristo del cual el mundo no es digno? Hoy usted se cree fuerte, se cree libre, pero es esclavo y perdido, si no se arrepiente y se entrega a Cristo usted no es digno de Él, ni digno de su pueblo. Un día tarde que temprano se arrodillará ante él suplicando entrar a su reino, pero será demasiado tarde, no será digno de su reino. No espere más, ponga la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Arrepentíos y creed en el Evangelio.

 

Y a todos nosotros de los cuales el mundo no es digno, sigamos andando por fe en nuestro glorioso Salvador, aunque nos persigan, nos rechacen, nos maten, nos vituperen. Seamos como aquellos “de los cuales el mundo no era digno”.


X SU GRACIA: Comunidad Cristiana.


Escucha el sermón del domingo 30 de Agosto de 2026: ¡DE LOS CUALES EL MUNDO NO ERA DIGNO!




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