¡POR FE ESPERAMOS COSAS MEJORES…! (Serie: La Fe).

«proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros» (Hebreos 11:40).
Este verso nos habla de la unidad y continuidad de los creyentes del Antiguo Testamento y con los del Nuevo Testamento. Los héroes de la fe, y los creyentes en Cristo, formamos un mismo pueblo. Cristo con el Nuevo Pacto es el fin y la perfección del Antiguo Pacto. Por tanto, nuestra fe debe ser mucho más perfecta que la de los santos del Antiguo; pues el estado y dispensación del Nuevo Pacto es más perfecto que el anterior; es la perfección y la culminación del antiguo; ya que sin la iglesia del evangelio, la iglesia judía habría permanecido en un estado incompleto e imperfecto.
1. NUESTRO CASO ES MEJOR.
No se refiere a las condiciones que los rodearían, que serían libres de reproches y persecuciones; pues les pasó igual. Tampoco se refiere a un mayor grado de felicidad en el cielo, pues para unos y otros es la misma herencia. Se refiere a las bendiciones al venir Cristo, que serían mayores.
El Nuevo Pacto es la culminación y perfección del Antiguo Pacto. Tenemos ya a Cristo y su evangelio, superiores a Moisés y la Ley (Jn 1:17). Tenemos una mejor esperanza (He 7:18-19). Tenemos un mejor Sacerdote (He 7:21). Tenemos al Fiador de un mejor pacto (He 7:22). Tenemos al Espíritu Santo morando permanentemente en nosotros (1 Co 3:16). Estamos en un mejor pacto, con mejores promesas, perfecto, en Cristo (He 8:6-7). Este pacto no fue como el que hizo con los israelitas en el desierto, escrito en tablas de piedra, falló; este está grabado en el corazón, no fallará (He 8:10-12). El anterior es viejo, desapareció; este es nuevo, permanece (He 8:13). Este pacto tiene un más perfecto tabernáculo, no es de esta creación (He 9:11). Este pacto fue sellado con la sangre de Cristo, no con sangre de animales (He 9:12). Su sacrificio fue hecho 1 sola vez, con su propia sangre, no con sangre ajena, y si puede borrar el pecado; los de animales, muchos, ofrecidos por los sacerdotes, no pueden (He 9:25-26). Su sacrificio único nos hizo perfectos para siempre (He 10:12-14). Cristo presentó su sacrificio en el cielo ante Dios, no en el altar terrenal (He 9:24). Ahora podemos entrar al Lugar Santísimo, antes no (He 10:19-23). Nos hemos acercado a la ciudad del Dios vivo, no al monte que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, lo cual no podían soportar (He 12:22-24).
Pero así como nuestro estado es mejor, el castigo será mayor si apostatamos (He 10:28-31). Mayores azotes recibiremos si somos falsos creyentes (Lc 12:47-48). Debemos dejar lo abolido del antiguo pacto y avanzar hacia la perfección (Lc 12:47-48).
2. TODOS SEREMOS PERFECCIONADOS.
Este es el fin de la venida de Cristo para los creyentes del Antiguo Testamento. “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”. Pero ellos no alcanzaron la consumación final separados de los creyentes del Nuevo Testamento; todos serán (y seremos) perfeccionados juntos en Cristo. Los santos del Antiguo no fueron perfeccionados sin nosotros. Cristo hizo que los creyentes del Antiguo y Nuevo Pacto compartiesen su perfección.
Cristo dijo que debía ir por otras ovejas, los gentiles (Jn 10:16). Somos un solo pueblo, reconciliado en Cristo (Ef 2:14-18). Nos hemos acercado a los espíritus de los justos ya perfectos (He 12:22-24). Con su sacrificio nos hizo a todos perfectos (He 10:14). Tenemos la misma bienaventuranza, ser justificados por la fe, como Abraham (Ro 4:11-12). Solo por la fe, somos ambos hijos de Abraham (Ro 4:16). Cristo es el perfeccionador de nuestra fe común (He 12:1-2). Debemos dar testimonio, como los 2 testigos, los cuales muchos relacionan con los 2 Testamentos (AT y NT), con el cual Dios da testimonio al mundo, al igual que los santos creyentes de esos 2 pactos, que han dado testimonio al mundo (Ap 11:3-7). Ambos han sido perseguidos por el Diablo (Ap 12:17). Sujetó a juntos a desobediencia, para tener misericordia de ambos (Ro 11:30-32).
En la segunda venida se unirá perfectamente todo el pueblo de Dios; los muertos en Cristo resucitarán, incluyendo los santos del Antiguo Pacto, y se unirán a los creyentes vivos, judíos y gentiles, para recibir al Señor en el aire (1 Ts 4:16-17). Allí, juntos seremos perfeccionados plenamente (1 Co 15:51-52).
3. ¿Y NOSOTROS?
Hoy llegamos al último sermón de esta serie. Deberíamos preguntarnos ¿Cómo está nuestra fe? ¿Después de estos 40 sermones, nuestra fe ha aumentado? ¿somos más fieles, obedientes, tenemos más gozo? O ¿seguimos con las mismas dudas, o incluso mayores? ¿contendiendo con el Señor? ¿divagando entre 2 pensamientos, entre 2 caminos? ¿nuestro carácter ha cambiado para bien? Y ustedes niños, jóvenes, hermano que se sienta cada 8 días acá, ¿Cómo esta su fe? ¿Ya es ud salvo por la fe?
Hermanos que este tiempo que el Señor nos ha permitido profundizar en la fe, no sea en vano. Es hora de mirar hacia adelante, es hora de dejar la tibieza, el enfriamiento espiritual, la mundanalidad, la amargura, la queja, las obras de la carne, las contiendas y divisiones entre nosotros, la ira de los hombres, la falta de sujeción de las mujeres. Debemos dejar todo lo que nos aleje de Cristo. No es tiempo de dormir, no es tiempo de quejarnos, no es tiempo de lisonjas entre nosotros. Debemos humillarnos más, examinarnos, debemos arrepentirnos de lo que estemos haciendo mal. Debemos negarnos más y tomar su cruz. Debemos dedicar más tiempo a la oración, en la meditación en la Palabra, en predicar el evangelio y extender el reino de Cristo. Nuestro caso y posición son mejores que la de los santos del Antiguo Testamento, tenemos mayores ventajas, mayor luz, mayor entendimiento, por tanto tenemos menos excusas.
Recordar todos los hechos de los héroes de la fe, sus hazañas en medio de tribulaciones, persecuciones, martirios, destierros, diversas pruebas. Todo lo que sufrieron y pasaron victoriosos, por medio de la fe, debería avergonzarnos. Porque si bien hemos tenido pruebas, tribulaciones, disciplinas, pérdidas, nadie de nosotros, puede decir que ha sufrido más que éstos héroes. Vivimos en una sociedad muy cómoda, olvidamos que estamos en guerra espiritual constante (Mundo, Satanás, Yo). Perdemos de vista a Cristo y su gloria, descuidamos las disciplinas espirituales, los medios de gracia; nos confiamos, somos como palomas incautas; y cuando viene la prueba, muchas veces actuamos con incredulidad, viene la duda, la queja, desánimo y la contienda con el Señor.
Hermanos es hora de dejar las rodillas paralizadas, de postrarnos ante nuestro hacedor, ante Cristo, nuestro Señor y Salvador, y suplicar que aumente nuestra fe para vivir como vivieron estos siervos fieles. Ya no más amor al Yo, no más una vida de derrota lastimera, no más estar sumidos en los mismos pecados. No vivamos más para nosotros mismos. Hay un reino inconmovible delante, una corona de gloria, una patria mejor. Pongámonos la armadura de Dios, sin mirar atrás y cobremos ánimo; Cristo lo vale todo. Hemos visto el cumplimiento de la promesa del glorioso Evangelio; Cristo vino, vivió una vida perfecta, murió en la cruz, y resucitó de los muertos; hemos sido ya lavados en la sangre del Cordero; el Espíritu Santo mora en nosotros, Dios nos ha provisto cosas mejores que a ellos. Nuestro bendito Cristo merece que vivamos para Él, nos amó sin merecerlo, nos perdonó, nos redimió; vivamos para su reino. Él nos prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. Él no nos dejará ni nos desamparará. Ha preparado moradas para nosotros. No vivamos más en incredulidad, vivamos por la fe en quien nos amó y murió por nosotros.
Miremos el ejemplo de esa gran nube de testigos, de esos valientes héroes de la fe (He 12:1-3). Recordemos a Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, José, Moisés, los hijos de Israel pasando el mar rojo. Recordemos a Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel, los profetas, que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros; recordemos a esas mujeres que recibieron a sus muertos mediante resurrección. Recordemos a todos aquellos que fueron atormentados, no aceptando el rescate, para obtener mejor resurrección. Recordemos a los que experimentaron vituperios, azotes, prisiones y cárceles; que fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; que anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; aquellos de los cuales el mundo no era digno de tenerlos entre ellos; que erraron muchos de ellos por los desiertos, los montes, las cuevas y por las cavernas de la tierra.
Miremos estos gloriosos ejemplos, y no los “héroes” de barro que nos muestra el mundo (artistas, deportistas, científicos, filósofos, políticos, soldados). Enséñenle de estos hombres y mujeres a sus hijos, para que sepan qué tipo de seres humanos heredarán el reino de los cielos. Enséñeles de aquellos que anhelaban una patria mejor, la patria celestial. Aprendamos de todos estos que aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido, proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.
X SU GRACIA: Comunidad Cristiana.
Escucha el sermón del domingo 20 de Septiembre de 2026: ¡POR FE ESPERAMOS COSAS MEJORES!





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