¡DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE! (Serie: El Misterio de la Piedad).

«E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria» (1 Timoteo 3:16).
“Esto prueba que él es Dios, el Verbo eterno, que se hizo carne y se manifestó en la carne. Cuando Dios había de manifestarse al hombre, se complació en manifestarse en la encarnación de su propio Hijo: El Verbo se hizo carne (Jn 1:14)” (Matthew Henry).
1. EL ANUNCIO DE SU MANIFESTACIÓN.
“DIOS: no como la Deidad en abstracto, sino personalmente. No la 1ª ni 3ª Persona (no les aplica esto, ni lo que sigue); sino la 2ª Persona, el Verbo, el Hijo de Dios que existía antes de su encarnación, como Persona divina, distinta del Padre y del Espíritu. El Hijo de Dios en su naturaleza Divina es igualmente invisible como el Padre, pero se manifestó al asumir la naturaleza humana de forma corpórea (se pudo ver, oír, sentir). CARNE: No solo el cuerpo físico, sino toda la naturaleza humana (cuerpo y alma). Llamada así, para denotar su fragilidad, y mostrar que lo que Cristo asumió fue una naturaleza no a una persona (tomando su cuerpo). Y distinguirla de una manifestación espiritual a su pueblo, y de todas sus otras manifestaciones en el Antiguo Testamento (Forma humana, Ángel de Jehová, Nube, Roca, Tabernáculo, Templo. Teofanías o Cristofanías)” (John Gill).
DIOS EL HIJO ANTES DE SU MANIFESTACIÓN.
Se manifestó a Abraham en forma humana; era uno de los 3 ángeles, al cual se postró (Gn 18:2-3). Se manifestó a Jacob en Peniel cuando luchó contra él; era el varón que vio cara a cara como Dios (Gn 32:28-30). Se manifestó a Josué cerca de Jericó; era el varón y Príncipe del ejército de Jehová que tenía una espada desenvainada, a Quien adoró (Jos 5:13-15). Se manifestó a los padres de Sansón; era el Ángel de Jehová que les anunció el nacimiento de su hijo, al Cual adoraron (Jue 13:20-22). Se manifestó a Isaías en el Templo; era el Señor y Rey que vio sentado sobre un trono alto y sublime (Is 6:1-5). Se manifestó a Nabucodonosor en el horno ardiendo; era el 4º varón cuya apariencia era semejante a hijo de los dioses (Dn 3:24-25). Se manifestó espiritualmente a los israelitas en el desierto; era la Roca de la cual bebieron (1 Co 10:1-4). Se manifestó en el Tabernáculo; estaba en la nube que lo llenó de gloria (Éx 40:34-35). Se manifestó también en la dedicación del Templo de Salomón en la nube (1 Ry 8:10-11). Se manifestó desde la eternidad; era la eterna sabiduría que creó y ordenó todo con el Padre (Pr 8:23-30).
EL ANUNCIO DE SU MANIFESTACIÓN.
Miqueas profetizó que el Mesías, que existía desde la eternidad, nacería en Belén (Miq 5:2). Isaías profetizó el nacimiento virginal de Emanuel, Dios con nosotros (Is 7:14). Profetizó que ese niño sería el Dios fuerte (Is 9:6). También profetizó que se prepararía camino a Jehová; lo cual se aplica a Juan el Bautista con Cristo (Is 40:3-5). Jeremías profetizó que el Mesías que vendría de David, sería llamado “Jehová, justicia nuestra” (Jer 23:5-6). El ángel Gabriel anunció a María que de ella nacería el Hijo del Altísimo, el Santo ser (Lc 1:31-35). Y también le anunció un ángel del Señor a José en sueños, que su mujer, daría a luz a Emanuel, Dios con nosotros (Mt 1:20-23).
2. DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE.
“En la naturaleza humana, debilitada por la maldición, entró Cristo, el Hijo de Dios. Fue enviado por Dios, nacido de una virgen. El hecho que Uno tan glorioso en su preexistencia estuviera dispuesto a adoptar la naturaleza humana en esa condición cargada con la maldición, debilitada, fue una manifestación de amor infinito, condescendiente” (Hendriksen & Kistemaker).
DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE.
Lucas nos relata detalladamente muchos de los hechos de la manifestación de Cristo en carne (Lc 1:1-4). El Señor fue manifestado a Elisabet y a su hijo Juan en su vientre, cuando recién fue concebido en el vientre de María (Lc 1:41-44). Los ángeles dieron gloria a Dios cuando el ángel anunció a los pastores de Belén el nacimiento del Cristo (Lc 2:11-14). Fue manifestado a los pastores en Belén al verlo como le había anunciado el ángel (Lc 2:16-17). Fue manifestado en el Templo a los 8 días cuando fue circuncidado (Lc 2:21). Fue manifestado en el Templo después de los 40 días de purificación de María (Lc 2:22-23). Fue manifestado a Simeón en el Templo, quien lo cargó en sus brazos y movido por el Espíritu lo reconoció como el Salvador (Lc 2:29-32). Fue manifestado ante los doctores de la Ley en el Templo (Lc 2:46-47). Fue manifestado ante el pueblo en su bautismo (Lc 3:21-22). Fue manifestado ante el Diablo en el desierto (Lc 4:1-2). Fue manifestado en las sinagogas en Galilea al iniciar su ministerio (Lc 4:15). Fue manifestado ante todos en la sinagoga en Nazaret al leer el libro de Isaías (Lc 4:20-22). Fue manifestado haciendo toda clase de milagros (Lc 7:22-23).
El Verbo se manifestó en carne (Jn 1:14). Fue manifestado en la carne, como un vil hombre (2 Co 8:9). Fue manifestado bajo la Ley, naciendo de la carne de una sencilla mujer judía (Gál 4:4-5). Vino de los judíos, según la carne (Ro 9:4-5). El Verbo de Vida fue manifestado a sus discípulos (1 Jn 1:1-2).
CRISTO ES DIOS.
El Verbo hecho carne, era Dios (Jn 1:1). Él es el verdadero Dios que vino en carne (1 Jn 5:20). Tomás lo reconoció como Dios, y Cristo no lo corrigió (Jn 20:28). El Padre lo llama “Dios”, como dice el autor de Hebreos al citar el Salmo 45:6-7, el cántico de las bodas del Rey (He 1:8). El Padre manda a que lo adoren los ángeles (He 1:6). Cristo se reconoce así mismo como Señor igual al Padre, al citar a David en el Salmo 110:1 (Mt 22:43-45). Cristo declaró ser el gran Yo Soy que existía desde la eternidad (Jn 8:58). Jesús se identifica como el primero y el último, título Divino que está en Isaías 44:6 (Ap 1:17). Los judíos entendían que Jesús, al llamar a Dios su propio Padre, se hacía igual a Dios (Jn 5:18). Pero Cristo existía en forma de Dios, y era igual a Dios (Fil 2:6). Cristo es el Creador, eterno e inmutable; como dijo el autor de Hebreos al citar el Salmo 102:25-27 (He 1:10-12). En Él habita corporalmente la plenitud de la Deidad, y gobierna sobre todo (Col 2:9-10). Él es la imagen del Dios invisible, el cual creó y sostiene todo (Col 1:15-17). Él es nuestro Dios (2 P 1:1). Él es Dios sobre todas las cosas (Ro 9:5). Él es el Todopoderoso (Ap 1:8). Esperamos la 2ª venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Ti 2:13).
3. SU MANIFESTACIÓN EN NOSOTROS.
Fue manifestado en carne y enviado por Dios para salvar al mundo (Jn 3:17). Fue manifestado el Pan del cielo para dar vida (Jn 6:51). Fue manifestado en carne para expiar nuestros pecados, y ser nuestro gran Sumo Sacerdote (He 2:16-17). Fue manifestado para participar de nuestra naturaleza humana, y destruir y librarnos del imperio de la muerte (He 2:14-15). Fue manifestado en carne para deshacer las obras del diablo (1 Jn 3:8). Debemos afirmar con vehemencia esta gloriosa doctrina; pues negarla, es del anticristo (1 Jn 4:2-3). Los discípulos lo conocieron en la carne, nosotros no; aun así nos hace nuevas criaturas (2 Co 5:16-17). El Verbo de Vida, manifestado en carne a sus discípulos, nos ha sido anunciado para plena comunión con el Padre y el Hijo, y la iglesia (1 Jn 1:3). Tengamos el mismo sentir de Cristo manifestado en carne (Fil 2:5-8).
Oh, amor del Padre que enviaste a tu Hijo, oh amor de Cristo que siendo Dios, Rey y creador, no estimaste tu posición, te despojarse de ti mismo, tomando forma de siervo. Tú Señor que no socorriste a los ángeles, sino que te humillaste para socorrer a ésta descendencia de Abraham. ¡Oh, amor de Cristo! Si no te hubieras hecho carne nosotros habríamos sido malditos por la eternidad. Meditar en éste misterio del Dios Encarnado, de nuestro Cristo varón de dolores, en ésta salvación tan grande por salvar a pecadores viles como nosotros, debería motivar nuestras almas a vivir para su gloria, a andar como Él anduvo. Debería mover nuestros espíritus a una comunión más íntima con Él, a una vida de negarnos, tomar la cruz y seguirlo. ¿Cómo no amar a Aquel que tomó naturaleza de siervo, por amor a nosotros? ¿Cómo no amar a Aquel que tomó un cuerpo de humillación y soportó la ira que nosotros merecíamos?
Y a los amigos, a los que aún desprecian al Verbo hecho carne, a Emanuel, al Dios con nosotros, al deseado de las naciones, pero despreciado por ustedes; a los que estiman en poco una salvación tan grande: “Que Dios fuera manifestado en la carne debería asombrar al mundo entero y poner a cada pecador sobre sus rodillas. Pero en vez de eso, vemos a la mayoría absorta en las vanidades del momento, ignorando al Redentor que descendió del cielo para salvarlos” (J.C. Ryle). Que éste no sea su caso, que mueran despreciando a Cristo encarnado. Consideren su vileza, consideren su indignidad, su estado de perdición, alejados de Dios, y miren a Aquel que por amor dejó su trono, se hizo hombre, vivió perfectamente en la carne, y fue a la cruz. No desprecien la Sangre del cordero que quita el pecado del mundo, a Aquel que se compadece de los pecadores arrepentidos. Un día la puerta de la gracia se cerrará, no habrá más oportunidad.
Que el misterio del Dios manifestado en carne nos anime a postrarnos y vivir por siempre delante de Él. "E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…”.
X SU GRACIA: Comunidad Cristiana.
Escucha el sermón del domingo 25 de Octubre de 2026: ¡DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE!





Comentarios