top of page

¡JUSTIFICADO EN EL ESPÍRITU! (Serie: El Misterio de la Piedad).

hace 2 horas
6 min de lectura

Actualizado: hace 1 hora


«E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria» (1 Timoteo 3:16).

 

“Fue despreciado y desechado entre los hombres (Is 53:3)… fue echado fuera de la puerta (He 13:12). Pero fue vindicado por el Espíritu. Fueron plenamente establecidas su perfecta justicia y la validez de sus pretensiones... Habiendo sido ungido por el Espíritu Santo, pudo, mientras estuvo en la carne, hacer milagros, echar fuera demonios, etc. Por medio de toda acción de poder se estableció su justicia. Pero fue especialmente por medio de su resurrección que el Espíritu vindicó plenamente la pretensión de Jesús de que era Hijo de Dios (Ro 1:4)” (Hendriksen & Kistemaker).

 

1. EL ANUNCIO DE SU JUSTIFICACIÓN.

 

Algunas profecías del Antiguo Testamento nos muestran que Cristo sería justificado en el Espíritu, es decir, la vindicación de Cristo por el Espíritu, especialmente mediante su resurrección.

 

El Mesías, que descendería de Isaí, tendría sobre sí el Espíritu de Jehová (Is 11:1-2). Dios pondría su Espíritu sobre su siervo escogido, quien traería justicia a la tierra (Is 42:1-4). Sería justificado por Dios frente a sus acusadores (Is 50:6-9). Aunque sería la piedra desechada por los judíos, Dios lo pondría como cabeza principal del ángulo (Sal 118:22-23). Al Ungido de Dios despreciarían (Sal 2:2-3). Pero Dios vindicaría a su Hijo de todos los desprecios del mundo, entregándole todos los reinos del mundo (Sal 2:4-8). El Padre lo ungiría con óleo de alegría (Sal 45:6-7). El Santo de Dios no sería dejado en el Seol ni su cuerpo experimentaría corrupción, y sería levantado y vindicado a su Diestra (Sal 16:9-11).

 

Después de su humillación en la cruz, el Padre lo levantaría de los muertos y lo vindicaría prosperando su obra (Is 53:10-12). El Siervo de Dios sería prosperado, enaltecido y puesto muy en alto después de su humillación (Is 52:13-15). El Mesías sería exaltado a la diestra de Dios, vindicando su autoridad y señorío sobre todos sus enemigos (Sal 110:1). Sería resucitado para que su pueblo viviera delante de Él, siendo así justificado en el Espíritu (Os 6:2).

 

2. JUSTIFICADO EN EL ESPÍRITU.

 

Cristo fue vindicado públicamente como el Hijo justo de Dios por la obra del Espíritu y su resurrección.

 

JUSTIFICADO EN SU NACIMIENTO.

El ángel Gabriel anunció a María que vendría el Espíritu Santo sobre ella y nacería el Santo Hijo de Dios (Lc 1:35). Un ángel del Señor le anunció a José en sueños, que El Espíritu Santo engendraría en su mujer al Salvador Emanuel (Mt 1:20-23). Los ángeles glorificaron a Dios por su nacimiento (Lc 2:13-14).

 

JUSTIFICADO EN SU BAUTISMO.

El Espíritu Santo descendió sobre Él en su bautismo y el Padre lo reconoce delante de todos como su Hijo amado (Mt 3:16-17). Juan el Bautista dio testimonio que el Espíritu descendió sobre Cristo en el bautismo y que además permanecería sobre Él (Jn 1:32).

 

JUSTIFICADO EN SU MINISTERIO.

Dios lo envió a hablar sus palabras por medio del Espíritu que reposaba sobre Él con todo el don y la plenitud de la gracia, cumpliéndose Isaías 11:2, que decía que reposaría sobre Él Espíritu de Jehová (Jn 3:34). Dios también lo ungió con el Espíritu Santo y poder para hacer muchos milagros (Hc 10:37-38). Expulsó demonios por el Espíritu de Dios (Mt 12:28). Juan, sus obras, el Padre, y las Escrituras, lo vindicaron dando testimonio de Él (Jn 5:33-39). Dios puso su Espíritu sobre Él, para hacer muchos milagros y también para anunciar justicia a la tierra, cumpliéndose la profecía de Isaías 42:1-4 (Mt 12:15-21). Pero aunque fue justificado y ungido de Dios, lo despreciaron uniéndose para matarlo, el poder político, religioso y el pueblo, cumpliéndose el Salmo 2:2-3 (Hc 4:27-28).

 

JUSTIFICADO EN SU RESURRECCIÓN.

Cristo aunque fue muerto en la carne, fue vivificado en el Espíritu al resucitar de los muertos (1 P 3:18). El Espíritu Santo declaró a Cristo Hijo de Dios con Poder por la resurrección (Ro 1:3-4). Fue declarado Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec al ser librado de la muerte (He 5:7-10). Su alma no quedó en el Hades, su cuerpo no vio corrupción; fue vindicado en su resurrección, cumpliéndose el Salmo 16:8-11 (Hc 2:26-27). Dios levantó a Cristo de los muertos, confirmando el cumplimiento de sus promesas (Hc 13:30-32). Dios lo resucitó para vindicarlo ante muchos, cumpliendo lo que dijo David (Hc 2:30-32). Fue exaltado a la diestra de Dios, para vindicarlo en su autoridad y señorío, como dijo el Espíritu (Hc 2:33-36).

 

JUSTIFICADO POR SU VIDA.

El Padre con las mismas palabras dadas en el Bautismo, vindicó en la transfiguración su complacencia con su Hijo amado (Mt 17:5). Fue varón aprobado por Dios, por su vida, ministerio, y resurrección, y (Hc 2:22-24). Por su obediencia perfecta hasta el final de su vida, fue vindicado y exaltado hasta lo más alto (Fil 2:8-11). Los judíos y el mundo no creyeron en Él, pero Dios también será justificado como veraz en el juicio por medio de su Hijo glorificado (Ro 3:3-4).

 

3. JUSTIFICADOS EN EL ESPÍRITU

 

La aplicación a nosotros de que Cristo fue “justificado en el Espíritu”, puede verse en nuestra justificación y vindicación por medio de Cristo, así como en la obra del Espíritu Santo en nosotros.

 

JUSTIFICÁNDONOS EN CRISTO.

El Espíritu Santo daría testimonio del Hijo (Jn 15:26). El Hijo sería vindicado al regresar al Padre al resucitar, pero el Espíritu quedaría en el mundo convenciendo de pecado, justicia y juicio, con el evangelio de Cristo (Jn 16:8-11). Somos justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Co 6:11). Cristo fue resucitado para nuestra justificación; debemos creerlo para que su justicia nos sea dada (Ro 4:23-25). Por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia (Gál 5:5-6). Somos justificados por la fe en Cristo (Ro 5:1). Nadie puede acusar ni condenar al justificado por el Espíritu (Ro 8:33-34).

 

BAUTIZÁNDONOS PARA VIVIR PARA CRISTO.

Juan el Bautista al dar testimonio que el Espíritu justificó a Cristo en su bautismo, dijo también que su pueblo sería bautizado con el Espíritu Santo (Jn 1:33). La iglesia recibió el evangelio, no solo en palabras, sino con poder del Espíritu (1 Ts 1:5-6). Cristo se ofreció por el Espíritu para limpiar nuestras conciencias con su sangre, y sirvamos al Dios vivo (He 9:13-14). Vivimos para Aquel que fue justificado al resucitar de los muertos (2 Co 5:14-15). Somos justificados por la fe, y vivimos por la fe (Ro 1:17).

 

CAPACITÁNDONOS PARA LLEVAR SU MENSAJE.

El Espíritu Santo recordaría las palabras de Cristo a la iglesia (Jn 14:26). Sus discípulos, en el Espíritu, darían testimonio de Cristo (Jn 15:27). El Espíritu Santo daría poder a los discípulos para anunciar el evangelio hasta lo último de la tierra (Hc 1:8). El Espíritu vino en Pentecostés y fueron llenos de Él para anunciar el evangelio (Hc 2:4). Los apóstoles dieron testimonio de su resurrección por el Espíritu (Hc 2:32-33).

 

EN LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS.

El Espíritu Santo que levantó a Cristo de los muertos, también nos vivificará en la resurrección (Ro 8:11). Por la resurrección de Cristo hemos renacido para una esperanza viva y esperamos en fe una herencia incorruptible (1 P 1:3-4). El Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu que somos de Cristo; y si es así, también seremos vindicados en la resurrección (Ro 8:16-17). El Espíritu Santo llama por medio de la iglesia a que Cristo vuelva para que su pueblo sea vindicado eternamente (Ap 22:17).

 

Si queremos vivir conforme a la piedad, debemos afirmarnos en ésta verdad, que el Espíritu Santo dio testimonio que Nuestro Señor Jesucristo era verdaderamente el Hijo Amado de Dios, y el Mesías prometido que resucitó con el poder del Espíritu para nuestra justificación y salvación. Ahora nosotros también justificados en su justicia, vivamos para su gloria. Nosotros a diferencia de Cristo injustos, pecadores, miserables, dependamos de su perfecta obra, ahora en su justicia lavados, perdonados, declarados justos. Nuestra nueva identidad en Cristo nos hace asegurarnos en su poder para ya no vivir en la carne sino vivir en el Espíritu. Cuando la Biblia nos muestra que el misterio de la piedad es Cristo nos está llamando a estar cimentados en Él. Cuando nos separamos de Cristo, cuando dejamos de ver a Cristo y su justicia, nuestras almas desfallecen en sequía espiritual, el pecado y la carne toman fuerza de nuevo en nosotros.

 

¿Quiere vivir conforme al misterio de la piedad? Mire al Justificado en el Espíritu, si quiere vivir conforme a la palabra de Dios pida de ese mismo Espíritu Santo. “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lc 11:13).

 

Tengamos los ojos puestos en el autor y consumador de la Fe, solo Cristo, el Justificado en el Espíritu es la fuente de un corazón piadoso.


“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: “Dios fue… Justificado en el Espíritu”.


X SU GRACIA: Comunidad Cristiana.


Escucha el sermón del domingo 1 de Noviembre de 2026: ¡JUSTIFICADO EN EL ESPÍRITU!



Comentarios


bottom of page